La Fundación Creer y crecer, presidida en la actualidad por el Jefe de Gobierno, Mauricio Macri, fue el sustento de los equipos de trabajos del ingeniero, antes de asumir éste el poder ejecutivo de la Cdad. de Bs. As.
En ella se desempeñaron más de 300 personas, y produjeron cientos de documentos que le sirven hoy a Macri para su gestión.
En esta oportunidad reproducimos los lineamientos del Jefe de Gobierno sobre la política laboral en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que pude verse en la página de la Fundación Creer y Crecer.
Bajo el título "Demasiados empleados y deficientes servicios" los hombres de Macri, fustigan la cantidad y calidad de los compañeros municipales, y propician el achicamiento de la planta permanente aplicando varias recetas liberales.
Hace pocos días el Director de RR.HH de Ob.SBA, Luis Marín, pregono que haría un censo del personal destinado a reconocer el perfil de habilidades organizacionales de éste, para luego iniciar su capacitación. El proyecto de Marín no es otra cosa que la receta de la Fundación Creer y Crecer expresada en el año 2007, y que tiene como único objeto la REDUCCIÓN DE PERSONAL EN LA OBSBA.
FUNDACION CREER Y CRECER - EMPLEO PÚBLICO EN LA CIUDAD DE BUENOS AIRES
"Demasiados empleados y deficientes servicios"
Trabajo elaborado por Francisco Quintana, integrante del Área de Trabajo de la fundación a partir de un artículo publicado en "La Nación" el 8 de julio sobre el crecimiento del empleo público en la Ciudad de Buenos Aires.
Introducción
A partir de un artículo publicado en el diario "La Nación" el domingo 8 de julio de 2007, surge que en los últimos cinco años la Ciudad Autónoma de Buenos Aires incorporó, en promedio, un nuevo empleado público cada tres horas. Así, la planta estable creció casi un 15 % entre fines de 2002 y mayo del año en curso.
Según datos suministrados por la Dirección General de Recursos Humanos, la Ciudad tiene 116.818 agentes de la administración central (entre 105.933 empleados de planta y 10.885 contratados). Si, a su vez, agregamos a los trabajadores de los entes descentralizados (los correspondientes al Banco Ciudad o la Corporación Puerto Madero, por citar sólo dos ejemplos), el número asciende a 126.018.
Las cifras son por demás elocuentes. Sin embargo, si se las compara con otras grandes urbes de Latinoamérica, se comprende aún más la desproporción de la administración pública de nuestra Ciudad en relación a la cantidad de habitantes de la misma. Por caso, San Pablo, con el triple de población, tiene la mitad de dependencias administrativas. Montevideo, por su parte, con la mitad de la población tiene un cuarto de secretarías y/o direcciones generales que nuestra Ciudad. En síntesis, otras urbes igualmente extensas y con mayor cantidad de población utilizan menores planteles de personal.
A su vez, en comparación al sector privado, podemos observar que empresas multinacionales como Microsoft tienen 76.539 empleados alrededor del mundo, poco más de la mitad que los empleados públicos de nuestra ciudad capital.
Fundamento
A la hora de analizar las razones del aumento del gasto público en los últimos 5 años, debemos tener presente varios momentos.
Primero, la sanción del Decreto Nº 948/05, que asimiló a miles de trabajadores que tenían un contrato de locación de servicios con el objeto de que fuesen beneficiarios de obra social, aportes jubilatorios, vacaciones y aguinaldo. Es decir, sin incorporar personal por concurso, como corresponde hacer, se buscó blanquear a gran número de contratados. Como crítica adicional, debemos observar que esta medida no trajo como consecuencia directa la disminución del personal contratado.
Segundo, la sanción, el año último, de la ley que obligó al Poder Ejecutivo a incorporar a la planta permanente a quienes cumplían funciones a cambio de un subsidio del Plan Jefes y Jefas, bajo pretexto de generar trabajo genuino.
Finalmente, la incorporación a partir de la negociación con el Sindicato Único de Trabajadores del Estado de la Ciudad de Buenos Aires (Sutecba).
Importancia
Desde una mirada netamente financiera, a partir de reconocer el déficit con el que se terminará el presente ejercicio, y partiendo de la necesidad de una administración más eficiente del presupuesto de la Ciudad, se entiende la importancia de este rubro dentro del mismo, representativo de más del 50 %.
Los 126.018 agentes se traducen en un empleado público por cada 22 vecinos, aproximadamente. Sin embargo, la mayoría de los porteños coincide en que no reciben una contraprestación proporcional a la cantidad de empleados: siguen haciendo largas colas en hospitales, CGP´s y ventanillas de atención al público, sin mencionar el tiempo promedio que demoran los trámites más sencillos.
Este continuo crecimiento de la dotación sin que, a cambio, haya una mejora en la calidad del servicio brindado a los vecinos, ha despertado la sospecha generalizada acerca de la presencia de personas que cobran un sueldo sin desempeñar ningún tipo de tareas.
Debemos reconocer que esta realidad es consecuencia directa de la ya acostumbrada tendencia negativa de la clase política a sacar provecho de los empleos públicos para hacer proselitismo, devolver favores electorales y aumentar los ingresos de quienes reparten cargos entre familiares y amigos.
En este sentido, es necesario reinstalar la cultura del trabajo, del mérito y del esfuerzo como único medio para progresar. Así, en palabras del propio Mauricio Macri, se "debe reconocer al que cumple" con sus obligaciones como servidor del vecino.
PROpuestas
En primer lugar, se debe adoptar la firme y ejemplar decisión de ponerles punto final a las incorporaciones de personal promovidas por favoritismos o conveniencias políticas.
Luego, se debe encarar un acabado relevamiento de la composición del personal dependiente del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. A partir del mismo, se deberá diferenciar la situación de cada empleado público según su realidad, sus antecedentes y sus perspectivas.
A fin de no incurrir en injusticias, una vez verificados en forma imparcial y fehaciente los rendimientos laborales de todos los agentes públicos locales, se deberá poner en práctica una sana reformulación administrativa.
Así, aquellos que deseen progresar, deben encontrar un Estado que fomente la capacitación y el reconocimiento a la dedicación. Habrá que encontrar el lugar adecuado para cada individuo según sus capacidades. En otras palabras, se tendrá que rejerarquizar la función pública, valorando a todos aquellos que deseen desempeñarla con orgullo.
En paralelo, se deberá dejar en evidencia a quienes cobren un sueldo sin prestar servicio alguno.
Por último, habrá que pensar en una reducción progresiva de la planta estatal mediante jubilación y planes de retiro voluntario. A este respecto, asumimos como obvio que la intención de reducir el número de empleados sugerida por el Jefe de Gobierno electo, Mauricio Macri, provocará una ola de protestas y controversias, cuando no amenazas desde sectores gremiales.
Sin embargo, cada sueldo abonado por el gobierno porteño debe ser absorbido por el presupuesto que se alimenta de los aportes de los contribuyentes y que en un cuantioso porcentaje está exclusivamente destinado a financiar esa multimillonaria masa salarial. Una elemental y sana política financiera requeriría no dilapidar esos ingresos proporcionando cobijo al personal ineficiente y/o excedente.
Francisco Quintana